¿Qué tiene que ver el sentido del ritmo con la vergüenza?
Este lunes, en el ensayo de la big band, empezamos a montar un tema latin.
Acostumbrados al swing habitual… el latin nos descolocó bastante. (Se podría decir, en lenguaje moderno, que no andábamos muy bien de flow).
En mi parte (piano) había un tumbao, un patrón rítmico muy distinto al que solemos tocar.
Después de estudio y mecanización del movimiento puedo llegar a tocarlo. Quiero decir que de forma natural no me sale.
Y el resto de mis compañeros… igual que yo:
algunos se adaptaban al latin con bastante facilidad y otros sudaban tinta intentando sentir dónde caía exactamente el ritmo.
¿Crees que hay gente que nace con más sentido del ritmo que otra?
Pensamos que el ritmo es “saber bailar” o seguir una canción dando palmas. Pero en realidad el sentido del ritmo es otra cosa:
la capacidad de anticipar patrones en el tiempo.
Y eso le encanta al cerebro.
Todo lo que tenga que ver con previsibilidad le gusta muchísimo. Siempre intentando ahorrar energía y no malgastar la poca que tenemos.
Por eso disfrutamos tanto cuando reconocemos un patrón:
un estribillo,
un ritmo que cae donde esperamos…
Todos nacemos con cierta sensibilidad rítmica. Los bebés ya reaccionan a pulsos y repeticiones antes incluso de hablar.
Entonces… ¿por qué algunas personas parecen llevar el ritmo dentro y otras no?
Influye desde luego la coordinación física o la facilidad musical.
Pero también hay muchísimo de entorno cultural.
Hay lugares donde la música y el baile forman parte de la vida cotidiana desde pequeños. Ciertos ritmos se escuchan constantemente y el cuerpo acaba interiorizándolos sin darse cuenta.
Lo que yo mecanizo estudiando… otros lo absorben simplemente por convivir con ello desde niños.
Y además ocurre algo importante: hay lugares donde bailar no se juzga tanto.
Y es que muchas veces el problema no es el ritmo.
Es la vergüenza.
Vergüenza por un supuesto error,
miedo a la descoordinación,
a sentirse observado, a parecer un pato mareado.
Vergüenza y mucho sentido del ridículo.
Bailar te hace vulnerable. Tu cuerpo deja de esconderse un poco.
Quizá por eso es tan liberador.
Y quizá por eso también resulta tan difícil.
Porque mostrarse siempre cuesta.