Lo más bonito de mi tienda en estos 15 años

Lo más bonito de mi tienda en estos 15 años

Este mes celebro que hace 15 años comencé a hacer cajas de música.
Se puede decir que tengo una tienda adolescente.

Han sido 15 años de muchísimo aprendizaje.
De construir una forma de vida que nunca había imaginado.
Una tienda que me ha permitido cuidar de mi familia y, al mismo tiempo, emprender de una forma que va mucho más allá de vender objetos.

Lo que hago, en realidad, es participar en las historias preciosas que hay detrás de cada encargo.
Y, además, he seguido en contacto con la música: canciones, bandas sonoras, grupos que desconocía...

También he tenido que sumergirme en el mundo de la venta online: marketplaces, redes sociales, herramientas digitales y todo tipo de apps y plataformas con nombres anglosajones…
Que me han mantenido la cabeza activa.
(A veces, cerca de la ebullición.)

Pero si hay algo que tengo clarísimo, es que lo más bonito de estos años han sido las historias que han acompañado a muchas de las cajas.

Y hay una que no se me va a olvidar nunca: la historia de José.

José me escribió para pedirme una caja de música para cada uno de sus hijos.
La canción iba a ser una nana que él mismo había inventado cuando eran pequeños, y que les cantaba cada noche antes de dormir.

Ahora, ya adultos, le habían convertido en abuelo.
Y eran ellos quienes cantaban a sus propios hijos la misma nana que tanto habían escuchado de niños.
Un regalo con mucho significado.

Y lo más tierno de todo fue el proceso de creación del encargo.

José no sabía escribir música, así que la única manera de transmitirme la melodía era cantándola.
Me mandaba audios por WhatsApp, cantando la nana.

Recuerdo que, al hacer la primera versión, le llamé para consultarle si encajaba con lo que tenía en mente.
Y me respondió:

—Un momento… estoy en la sala de espera del dentista. Me meto en el baño y te la canto, que justo estoy dudando con una de las partes.

Nunca llegamos a conocernos en persona.
Pero me consta que José era un señor serio, con una profesión convencional y —probablemente— poco sospechoso de cantar nanas en baños de consultas dentales.
O sí. Cada uno con sus prejuicios. Yo con los míos.

Quizá por eso fue tan especial.
Porque lo hizo con una ternura, una ilusión y una entrega absolutas.
Solo para crear el regalo perfecto para su familia.

Hay mucho bueno en estos procesos.
Y una suerte inmensa poder compartirlo.

Regresar al blog