Futbol, himnos naciones y cosas de madre

Futbol, himnos naciones y cosas de madre

Hoy juega España contra Bélgica en cuartos de final del Mundial.

Yo no soy nada futbolera, pero el Mundial es una competición que me gusta. Quizá porque me recuerda al año en el que España lo ganó. El año del Waka Waka.

Mis hijos eran muy pequeños y pensaban que lo habitual era ganar mundiales y copas de Europa. Porque sí.

Yo, que venía de una infancia de no pasar nunca de octavos de final por unos motivos u otros, me esforzaba en decirles que no se acostumbraran, que eso no era lo habitual.

Todo para evitar desilusiones futuras.

Qué absurdas las madres muchas veces.

Esa ilusión todopoderosa, parecida a la de creer en el Ratón Pérez o en los Reyes Magos, es algo que habría que proteger como un tesoro. Ahora lo tengo claro.

Y antes de que empiece el partido pasará eso que pasa siempre: jugadores en fila, caras serias, cámaras demasiado cerca, alguna lágrima suelta y los himnos nacionales sonando como si en esos dos minutos se condensara todo un país.

Intenso y curioso el poder de los himnos.

Porque los himnos también son cosas de música.

Parecen piezas solemnes, fijas, casi intocables. Pero cuando empiezas a mirar un poco, descubres que muchos tienen una vida bastante movida.

La Marsellesa, por ejemplo, no nació precisamente como música de espera para antes de un Francia-Marruecos.

Fue escrita en 1792 como un canto revolucionario. De ahí que tenga esa energía tan de “vamos todos hacia algo bastante serio”.

También está God Save the Queen.

Durante muchos años de mi vida pensé que era solo una canción de Sex Pistols.

Y eso también dice mucho: un himno puede servir para unir, emocionar, representar… o para protestar y hacer bastante ruido.

Y luego está el caso de España.

La Marcha Real es uno de los pocos himnos nacionales sin letra oficial. Por eso nuestros jugadores no cantan. No es falta de emoción, ni desgana, ni que estén pensando en sus cosas, que también.

Es que no hay letra oficial que cantar.

Solo música.

Y aun así todos sabemos perfectamente lo que significa cuando suena.

Tengo algunas manivelas pequeñas de cilindro con himnos —La Marsellesa, el himno de España y God Save the Queen— todavía sin subir a la tienda.

Igual el Mundial es una buena excusa para sacarlas del cajón.

Un abrazo, mucha música y suerte a España esta tarde,

 

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