Escuchar canciones tristes en bucle tiene una explicación. No es masoquismo.
Seguro que lo has hecho. Yo desde luego sí. Un montón de veces. Por ejemplo, escuchando esta canción… o esta.
Y no, no es que nos guste sufrir.
Es que necesitamos sentir.
La tristeza es incómoda, sí. Pero también es necesaria. Todas las emociones son necesarias, tienen su función fisiológica.
La tristeza es una emoción que nos dice: “detente un momento, para, escúchate, date tiempo…”
Y en esta vida loca, con su loca realidad que diría Pancho Céspedes y sus prisas… el hecho de parar en sí mismo es un acto de valentía.
Ahí es donde interviene la música. Yo la comparo con unas gafas de realidad virtual.
Nos deja practicar (sentir) emociones desde un lugar seguro.
Como mirar la tormenta desde la ventana, sin mojarte. O como un simulador de vuelo con el que aprendes a conducir sin la necesidad de estrellarte.
Por eso una canción triste te acompaña y te conecta con la emoción. Y por eso el bucle. En el fondo sabemos que es necesario sentir para provocar resultados y buscamos hacerlo a través de la música.
Y también hay ciencia detrás de esto. Te cuento.
Escuchar música activa dos regiones clave del cerebro:
• Una que procesa las emociones y nos conecta con la empatía,
• Y otra que estimula el sistema de recompensa, el mismo que se enciende con cosas que nos producen placer.
Así que sí, incluso la música triste puede hacernos sentir bien. Porque es un espacio donde tristeza y placer conviven. Como ocurre con la nostalgia.
En cualquier caso, ¿no te parece super potente poder simular estados de ánimo escuchando música?
Pues eso, cositas.